con Síndrome de Down (SD), fue algo que no esperábamos, pues cuando
sufres la muerte de un bebé y después tienes uno sano y alegre, no te imaginas que nada
malo pueda volver a pasar.
Mi embarazo fue normal y mi
cesárea también, así que cuando mi esposo me dijo que nuestro bebé nació con SD no lo
podía entender, pero aún así, lo primero que pregunte fue si sus órganos principales
estaban bien, ya que sabía podría tener alguna malformación cardiaca, gracias a Dios
todo estaba bien, al saber eso lo demás no me importó, yo quería tenerla con nosotros y
sabía que la sacaría adelante.
Al salir del hospital me
documente, leí libros y artículos sobre niños con SD, nuestra familia y amigos nos
apoyaron, la información llegaba de todos lados, aún con toda la información que tenía
me sentía en penumbras, hasta que un día llegó a mi casa una persona que Dios puso en
mi camino para iluminarlo, era Ana, ella también tiene un bebé con SD su nombre es Juan
Carlos, mi pediatra ya me había platicado de ella y resultó ser amiga de mi prima, ella
estaba estimulando a su bebé y gracias a eso Juan Carlos se estaba desarrollando muy
bien, al platicar con ella y leer sobre la terapia a la que ella lo llevaba me decidí a
ir al Centro Infantil para el Desarrollo Neurológico, no fue fácil pues todavía me
sentía agobiada y presionada, sabía que de mí depende mucho el sacar adelante a nuestra
familia, pero a la vez sabía que tenía que ganarle tiempo al tiempo e inicie la terapia
de Jessy cuando ella tenía tan solo un mes, ya han pasado 2 meses de eso y estoy feliz
porque es la mejor decisión que pude haber tomado, Jessy con sus 3 meses, hace hasta el
momento, todo lo que un bebé de su edad debe hacer, pero cada logro es un aliciente más
para que, junto a mi esposo y nuestro otro hijo, sigamos luchando para que Jessy salga
adelante. ¡Estamos seguros que lo hará!.
No encuentro las palabras para
expresar lo que siento cuando mi niña me mira fijamente a los ojos y me balbucea
sonriendo, es algo tan maravilloso que me llena de alegría y paz al mismo tiempo, además
me recuerda que debo disfrutar el día de hoy, uno a la vez.
Esta experiencia me ha
demostrado, en muy poco tiempo, que si tienes un hijo con cualquier tipo de lesión o
discapacidad, lo principal es aceptarlo, quererlo y decidirte a luchar por él, junto a
él y tu familia, para lograr que lleve una vida normal, son seres muy especiales que Dios
nos da para quererlos y valorar las cosas pequeñas y simples pero maravillosas que hay en
la vida, pues eso es lo que un niño especial nos enseña.
Leticia Abisad de Betancourt |