Los días pasaban y continuaba en mi esa herida y me dolía día y
noche.
Cuando lo tuve en mis brazos
aunado al dolor que sentía, fui presa del pánico y lo primero que pensé fue: yo no
puedo.
Al recordar esa escena, yo me
sonrío porque en ese momento ignoraba que estaba recibiendo un regalo maravilloso de dios
y que el no te da nada que no puedas soportar.
No me avergüenzo de haberme
sentido así, porque comprendo que es natural y muy humano sentir temor ante lo que no se
conoce.
Juan Carlitos tiene ahora diez
meses de edad y es la alegría de nuestras vidas, yo le llamo angelito y estoy feliz con
la bendición que dios nos dio al enviárnoslo.
Él me enseña muchas cosas,
pero lo principal creo yo, es el amor a alguien por lo que es en esencia, no por como luce
o que destrezas posee o cuan orgullosa me hace sentir como madre.
Mis otros hijos llegaron
envueltos en alegría, belleza y salud, fue muy fácil amarlos. Por que nos sentimos
atraídos como moscas a la miel, ante la belleza y alegría.
Juan Carlitos llega envuelto en
dolor y temor. Entonces lo primero que hice fue poner al corazón enfrente de todos mis
otros sentimientos y sobre todo, puse el amor de madre que me cubrió.
Después hice una mezcla de ese
amor con valor y fortaleza. Luego, me puse un traje tejido con estos elementos y me dije:
Juan Carlitos va a vivir y vamos a vivir bien
. Serás un angelito muy amado y dios
será testigo de todo el amor y cuidados que recibirá el regalo, que él nos envió.
A cambio él me ha traído
grandes e invaluables lecciones de vida, que como ser humano me han hecho crecer y que no
tienen precio.
Él me ha hecho comprender que
todo tiene un sentido, nada sucede al azar y el saber esto, me infunde una gran confianza
para el futuro.
Llevo a Juan carlitos a la
terapia todos los días sin la presión, de que ya logró gatear o caminar, lo hago por
que sé que él lo necesita, pero respeto sus tiempos y básicamente disfruto de su
presencia.
Conforme han pasado los meses,
una inmensa gratitud me ha llegado al corazón, por que yo no había valorado el tener a
mis otros tres hijos sanos, ya que lo sentía algo natural y ahora comprendo que
cualquiera esta expuesto a tener un hijo con discapacidad por múltiples razones que
están fuera de nuestro control.
También cuando conocí a otras
madres de bebes con problemas más severos que Juan carlitos, admiré su valor y
fortaleza, además de su capacidad para reír aun en medio de su dolor.
Juan Carlitos es un regalo que
no viene en su envoltura convencional, hay que verlo con los ojos del alma para comprender
su verdadero valor.
Doy gracias a dios por
permitirme comprenderlo y así disfrutar todo el amor que viene con él.
Alguien me dijo que los niños
con discapacidad son ángeles que envía dios a la tierra, solo a ciertas familias para
darles una lección de amor y aceptación hacia otro ser humano.
Ahora, yo me siento muy
afortunada de que dios me haya elegido para tan noble enseñanza, y como es
característico en él, nos lo envío en forma de regalo.
¡Mi regalo!
Hoy he tenido la oportunidad de
compartir nuestra experiencia contigo; si existe algún miembro de tu familia con
Síndrome de Down, acéptalo, ámalo.
Ana María Gómez de Montiel |