Nació el 25 de enero del 2000 alrededor de las 10 de la noche, justo unas horas antes de mi cumpleaños.

Cuando mi esposo me dijo en el hospital que él bebe tenia Síndrome de Down, sentí que una espada me atravesaba el corazón, cuando una espada te atraviesa el corazón lo normal es que mueras, pero esta no me hizo morir, solo dejo una herida muy profunda; Seguí viviendo.

Los días pasaban y continuaba en mi esa herida y me dolía día y noche.

Cuando lo tuve en mis brazos aunado al dolor que sentía, fui presa del pánico y lo primero que pensé fue: yo no puedo.

Al recordar esa escena, yo me sonrío porque en ese momento ignoraba que estaba recibiendo un regalo maravilloso de dios y que el no te da nada que no puedas soportar.

No me avergüenzo de haberme sentido así, porque comprendo que es natural y muy humano sentir temor ante lo que no se conoce.

Juan Carlitos tiene ahora diez meses de edad y es la alegría de nuestras vidas, yo le llamo angelito y estoy feliz con la bendición que dios nos dio al enviárnoslo.

Él me enseña muchas cosas, pero lo principal creo yo, es el amor a alguien por lo que es en esencia, no por como luce o que destrezas posee o cuan orgullosa me hace sentir como madre.

Mis otros hijos llegaron envueltos en alegría, belleza y salud, fue muy fácil amarlos. Por que nos sentimos atraídos como moscas a la miel, ante la belleza y alegría.

Juan Carlitos llega envuelto en dolor y temor. Entonces lo primero que hice fue poner al corazón enfrente de todos mis otros sentimientos y sobre todo, puse el amor de madre que me cubrió.

Después hice una mezcla de ese amor con valor y fortaleza. Luego, me puse un traje tejido con estos elementos y me dije: Juan Carlitos va a vivir y vamos a vivir bien…. Serás un angelito muy amado y dios será testigo de todo el amor y cuidados que recibirá el regalo, que él nos envió.

A cambio él me ha traído grandes e invaluables lecciones de vida, que como ser humano me han hecho crecer y que no tienen precio.

Él me ha hecho comprender que todo tiene un sentido, nada sucede al azar y el saber esto, me infunde una gran confianza para el futuro.

Llevo a Juan carlitos a la terapia todos los días sin la presión, de que ya logró gatear o caminar, lo hago por que sé que él lo necesita, pero respeto sus tiempos y básicamente disfruto de su presencia.

Conforme han pasado los meses, una inmensa gratitud me ha llegado al corazón, por que yo no había valorado el tener a mis otros tres hijos sanos, ya que lo sentía algo natural y ahora comprendo que cualquiera esta expuesto a tener un hijo con discapacidad por múltiples razones que están fuera de nuestro control.

También cuando conocí a otras madres de bebes con problemas más severos que Juan carlitos, admiré su valor y fortaleza, además de su capacidad para reír aun en medio de su dolor.

Juan Carlitos es un regalo que no viene en su envoltura convencional, hay que verlo con los ojos del alma para comprender su verdadero valor.

Doy gracias a dios por permitirme comprenderlo y así disfrutar todo el amor que viene con él.

Alguien me dijo que los niños con discapacidad son ángeles que envía dios a la tierra, solo a ciertas familias para darles una lección de amor y aceptación hacia otro ser humano.

Ahora, yo me siento muy afortunada de que dios me haya elegido para tan noble enseñanza, y como es característico en él, nos lo envío en forma de regalo. ………¡Mi regalo!

Hoy he tenido la oportunidad de compartir nuestra experiencia contigo; si existe algún miembro de tu familia con Síndrome de Down, acéptalo, ámalo.

Ana María Gómez de Montiel

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