En abril de 1997 nació Liz, fue de un parto por Cesárea debido a una placenta previa, lloró al nacer, pesó 3.200 Kg., y midió 52 Cm., aparentemente todo era normal.A la mañana siguiente aún bajo los efectos de la anestesia veo a mi esposo triste y le pregunto por la bebé a lo que él me responde que no está bien y que le diagnosticaron síndrome de Down.

He de confesarles que esta respuesta no fue una sorpresa para mí, incluso no sé por qué no lloré, solo me quedé pensando y tomé la noticia con serenidad; Enseguida vino a mi mente el recuerdo que tuve de un sueño durante mi embarazo, en donde me veía cargando a mi bebé cuyo rostro nunca olvidé, ya que era igual al rostro de mi pequeña Liz, por eso pienso que Dios de esta manera dio respuesta a una pregunta que yo le hice.

Al mes de nacida se le realiza a Liz un examen para conocer su cariotipo y nos confirmó lo que ya sabíamos, tiene trisonomía 21 regular que clínicamente se manifiesta como síndrome de Down.

Como es lógico, estábamos desorientados, no sabíamos con quien informarnos hasta que alguien nos recomendó un especialista en problemas de aprendizaje el cual empezó a tratar a Liz a los dos meses de edad. Como no tuvimos una respuesta favorable, ingresamos a nuestra hija a una escuela especial federal cuando tenía 4 meses, Liz evolucionó muy lentamente tanto que al año y dos meses no se arrastraba, balbuceaba algunos sonidos y presentaba una Hipotonía generalizada.

Todo esto cambió cuando conocí a Alma Trimmer, fue por ella de que nos enteramos de la terapia que Glenn Doman imparte en los Institutos para el logro del potencial humano en la ciudad de Filadelfia, cuya esencia al menos en mi opinión es que tu hijo puede llegar tan lejos como tú lo quieras, ya que es un método que te exige compromiso, entrega y sacrificio, pero a cambio los resultados son sorprendentes.

Con entusiasmo iniciamos la terapia de Liz en el Centro Infantil para el Desarrollo Neurológico, previa valoración y una serie de instrucciones especialmente diseñado para las necesidades de Liz, esta terapia es bastante integral ya que trabaja todas las áreas como audición, visión, tactilidad, motricidad gruesa y fina, además de programas de inteligencia.

En un par de meses de haber ingresado al Centro Infantil empezamos a ver los frutos de nuestro esfuerzo, Liz ya se arrastraba, enseguida  gateó en perfecto patrón cruzado y a los dos años caminó. 

Actualmente Liz tiene tres años nueve meses, habla con claridad palabras cotidianas como papá, mamá, agua entre otras, es una niña muy entendida y obediente además de observadora, imita lo que hace la gente a su alrededor, juega con los demás niños, come sola, empieza a andar en triciclo, en fin, no hay límites para ella.

Finalmente quiero agradecer de una manera muy especial a mi suegra que me ayudó mucho en los primeros meses de vida de Liz y a Blanquita que colabora conmigo desde que Liz ingresó al Centro Infantil, a ella le agradezco de todo corazón su entrega dedicación y amor hacia mi hija, a mi esposo por su apoyo y comprensión y a Dios antes que a nadie por habernos regalado o prestado a un ser lleno de amor y de luz y de hacernos sentir papás especialmente elegidos.

Gracias

Rocío O. González

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